En una inusual sesión nocturna, el Senado de EE. UU. aprobó financiar la mayor parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), excluyendo específicamente al ICE y a la Patrulla Fronteriza. La medida busca reactivar componentes como la TSA y la Guardia Costera, cuyos empleados enfrentan retrasos salariales que han causado caos en aeropuertos de todo el país. Esta decisión parcial responde al bloqueo en las negociaciones sobre las políticas de inmigración y control.
El líder republicano John Thune explicó que el avance parcial se debe a la falta de consenso, mientras que el demócrata Chuck Schumer afirmó que su bancada no entregará un «cheque en blanco» a agencias que consideran operan sin control. El conflicto escaló tras incidentes recientes, llevando a los demócratas a exigir reformas profundas en los protocolos de detención antes de liberar nuevos fondos. La reapertura total depende ahora de la decisión que tome la Cámara de Representantes.
A pesar del avance, el presidente Donald Trump manifestó su intención de ordenar el pago a agentes de la TSA incluso sin la financiación aprobada. Los republicanos aseguran que la seguridad no peligra, pues previeron este escenario en paquetes legislativos previos, aunque la tensión política en el Capitolio sigue en niveles máximos. Mientras se define el futuro del ICE, la operatividad de los aeropuertos y puntos de entrada permanece bajo la lupa de la opinión pública.
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