La diputada y dirigente del PSUV, Iris Varela, arremetió contra el gobierno de los Estados Unidos, asegurando que los funcionarios venezolanos han sido «golpeados» por la administración norteamericana. Sin embargo, este discurso de confrontación radical choca frontalmente con la imagen de apertura proyectada por Delcy Rodríguez, encargada de recibir a delegaciones y mantener canales de diálogo con representantes extranjeros.
Durante su intervención, Varela utilizó una retórica beligerante para describir la relación con Washington, calificando las sanciones y las tensiones diplomáticas como agresiones físicas y políticas directas.
«A nosotros los gringos nos golpearon», afirmó la parlamentaria, en un intento por movilizar la base emocional del chavismo bajo la narrativa de la «resistencia» frente al «imperio».
La contradicción surge al contrastar estas palabras con la actividad de la presidencia de la República. Mientras Varela sostiene un discurso de ruptura total, Delcy Rodríguez ha sido el rostro de la normalización relativa, encabezando reuniones con empresarios internacionales y funcionarios vinculados a intereses estadounidenses, especialmente en el sector energético.
«El chavismo parece operar bajo una estrategia de ‘bueno y malo’: una vocería radical para el consumo interno y una vocería técnica que busca alivio financiero y reconocimiento externo».

