Un análisis de los registros de emergencia reveló que las llamadas al 911 por incidentes graves de autolesiones dentro de los centros de detención migratoria en Estados Unidos van en aumento. Entre los más de mil reportes revisados figuran casos críticos como el de una migrante embarazada que se golpeaba la cabeza, reclusos que ingirieron químicos o personas con heridas cortantes, evidenciando una severa crisis interna.
Organizaciones de derechos humanos asocian este repunte con el incremento de las políticas de detención prolongada y la nula posibilidad de liberación bajo la actual administración de Donald Trump. Los datos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) muestran que la población retenida se ha duplicado, lo que genera un colapso en la atención médica y psicológica de las infraestructuras federales.
En lo que va de año, la cifra de fatalidades por crisis extremas en estas instalaciones alcanzó su punto más alto en dos décadas, triplicando el balance total de decesos bajo custodia en comparación con periodos anteriores. A pesar de los duros reportes médicos y de los cuestionamientos legales que amenazan con llegar a la Corte Suprema, las autoridades migratorias evitan ofrecer declaraciones detalladas.
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