La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) ha confirmado mediante un análisis con tecnología satelital de última generación que los devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio de 2026 provocaron un desplazamiento masivo de la corteza terrestre. Este impresionante fenómeno geológico, captado por sensores de radar avanzados, ayuda a explicar el nivel extremo de destrucción material que ha sufrido la infraestructura del país.
A través de la misión conjunta NISAR (NASA-ISRO Synthetic Aperture Radar) y datos proporcionados por el satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA), científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) determinaron que el terreno experimentó un movimiento horizontal y vertical diferencial de hasta 40 centímetros. La deformación de la superficie se concentró a lo largo de la falla geológica de San Sebastián, la cual marca el límite tectónico activo entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana.
Los análisis satelitales indican que el factor principal detrás de la severidad del desastre radica en la ocurrencia de un fenómeno conocido como «doblete sísmico». El sismo principal, que alcanzó una magnitud de 7.5 con epicentro al sureste de Yumare, fue seguido de un segundo sismo de altísima intensidad con una diferencia de apenas 39 segundos. Esta secuencia casi simultánea impidió cualquier capacidad de respuesta estructural, sometiendo a las edificaciones a cargas y tensiones dinámicas consecutivas sin precedentes.
Un análisis rápido elaborado por la agencia espacial calcula que aproximadamente 58,870 edificaciones sufrieron daños significativos o colapsaron debido a la doble exigencia sísmica. Las zonas con mayor afectación coinciden de forma matemática con las áreas de mayor desplazamiento superficial registradas por el satélite, localizándose el impacto crítico en los centros urbanos de alta densidad del corredor de la Gran Caracas y el estado de La Guaira.

